Juan José IBARRETXE MARKUARTU
Soy de Laudio. Hijo de Prudencio y de María Dolores. Estoy casado y tengo dos hijas maravillosas: Eneritz y Miren Nekane.
Como ya he dicho, soy de Laudio. Un pueblo encerrado entre montañas en el que junto a los caseríos se acumuló un importante número de empresas ligadas a la siderurgia y la fabricación de vidrio. Laudio es uno de esos pueblos vascos donde la convivencia entre vascos e inmigrantes ha sido y es un paradigma de su desarrollo.
Allí viví una infancia feliz. Aún recuerdo con total nitidez los consejos que mi abuelo me daba mientras paseábamos por las calles cercanas a nuestra casa: "Lo mejor para caminar es pisar por donde pisa el buey" me decía. O "Con las personas puedes llevarte mejor o peor, pero nunca le pierdas el respeto a nadie" o "Si le das tu palabra a alguien: cúmplela. Porque de modo contrario nadie creerá tus compromisos".
Eran años en los que los juegos se llevaban a cabo en la calle y en los que en la mayoría de casas no existía la televisión y la radio no había desarrollado programas específicos para jóvenes o niños como hoy en día.
Recuerdo que me gustaba mucho jugar a la pelota en el frontón, al fútbol en el patio del colegio, intercambiar cromos de jugadores de fútbol y los relacionados con la fauna, construcciones con mecanos, jugar al escondite, a los Iturris etc. Recuerdo especialmente mi primera bicicleta; me la regalaron a los 12 años.
Ya siendo más mayor mi afición predilecta en época vacacional era hacer camping junto con mis amigos, para visitar lugares y sobre todo para descansar de la tensión acumulada durante la época de exámenes.
Mi canción favorita es "Puente sobre aguas turbulentas" de Simon & Garfunkel.
Y, a día de hoy, disfruto muchísimo con mi familia, con el deporte y con la lectura, especialmente con la novela histórica.
El ciclismo es mi deporte fetiche, aunque también practico el atletismo tomando parte, a veces, en pruebas populares.
Desde hace muchos años siento afición por la cocina. Cuando las obligaciones me lo permiten, preparo la comida o la cena en casa, sobre todo los fines de semana, fiestas y durante las vacaciones.
Pero el día a día es otro. Me levanto todos los días a las 06:30 de la mañana y comienzo mi jornada de trabajo a las 08:00 horas.
Si mi agenda me lo permite, nunca acudo al despacho sin despedirme de mis hijas antes de que éstas salgan de casa.
Mi jornada laboral ordinaria concluye, salvo cuando acudo a actos oficiales, a las 20:30 horas. El tiempo restante, hasta que finaliza la jornada, se lo dedico a mi esposa Begoña y a mis hijas.
Candidatura de Araba